Preeclampsia

La preeclampsia es una patología exclusiva del embarazo. Se presenta a partir de la semana 20 y hasta el día 30 posparto, y se caracteriza por la aparición de hipertensión arterial y proteinuria (proteínas en la orina). La preeclampsia también puede ir acompañada de edema, aunque no es una condición necesaria para diagnosticar la enfermedad.

Hipertensión arterial. Se considera que hay hipertensión cuando hay una elevación sostenida de la presión arterial. Así, los valores de presión sistólica estarían por encima de 140 mmHg, mientras que los de la presión diastólica se situarían superando los 90 mmHg.
Proteinuria. Es la presencia de proteínas en la orina, detectables mediante analítica. Para hablar de proteinuria debe haber una excreción urinaria de proteínas mayor de 30 mg/dl en tiras reactivas o bien de 300 mg/dl si se hace un análisis de orina de 24 horas.
Edema. Se trata de la hinchazón de los tejidos blandos provocada por la acumulación del líquido intersticial (el líquido que rodea a las células).

La preeclampsia (conocida también como toxemia o gestosis) es una de las complicaciones más graves del embarazo, pues el estado de salud de madre e hijo se puede ver gravemente comprometido si no se pone el tratamiento adecuado. Así, supone un riesgo de daño cerebral o neurológico, de alteraciones renales y alteraciones pulmonares y de trastornos en la coagulación sanguínea, entre otros, que pueden ser fatales.

De hecho, la preeclampsia es una las cuatro causas que conlleva mortalidad materna, tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo. No obstante, la mayoría de estas muertes se podría evitar con adecuadas medidas de prevención y seguimiento del embarazo.
Tres de cada cuatro trastornos hipertensivos originados en el embarazo están provocados por la preeclampsia y la eclampsia (una forma mucho más grave de preeclampsia), mientras que el restante 30% deriva de pacientes con problemas de hipertensión previa a estos nueve meses.

Estos son los diferentes niveles de gravedad de la preeclampsia:
Preeclampsia leve. La presión arterial se sitúa en valores a partir de 140/90 mmHg, o se ha constatado una elevación de 30 mmHG en la presión sistólica y de 15 mmHG en la presión diastólica (conociendo previamente los valores basales). La proteinuria es de más de 300 mg en 24 horas, y no hay vasoespasmo (contracción de los vasos sanguíneos).

Preeclampsia severa. La presión arterial es de 160/110 mmHg o superior, la proteinuria es mayor de 5 gramos en 24 horas y hay otros síntomas como edema, cefalea, acúfenos y fosfenos (sensación de ver manchas luminosas).

Preeclampsia sobreañadida. En el caso de que la paciente tuviera problemas de riñón o de hipertensión anteriores al embarazo, se habla de preeclampsia sobreañadida.

Preeclampsia recurrente. Se denomina así a la preeclampsia que aparece en la misma embarazada en dos gestaciones distintas.

Causas

Hasta el momento no se ha descubierto la causa exacta que da origen a la preeclampsia. Se han estudiado sus factores de riesgo y se sabe cómo se desarrolla, pero no se ha llegado al fondo de la enfermedad para identificar las claves que la precipitan. Durante el embarazo, el organismo materno sufre una vasodilatación, pues las necesidades sanguíneas se multiplican debido a las demandas del feto. En una gestación sin complicaciones, las arterias espirales uterinas se irían sustituyendo por células trofoblásticas (las que dan lugar a la placenta). Este mecanismo asegura la vasodilatación que permite aumentar considerablemente el caudal sanguíneo que llega al feto y a la placenta. Pero con la preeclampsia, este proceso no se desarrolla con normalidad, dando lugar a una isquemia placentaria (deficiente aporte sanguíneo a la placenta). Por ello, en una gestante que sufra preeclampsia se observa vaso constricción generalizada en lugar de la esperable vasodilatación.

Se cree que, tras la preeclampsia, pueden estar distintos trastornos:
Alteraciones autoinmunes (lupus, miastenia o esclerosis)
Problemas vasculares.
Factores hereditarios (tanto por vía materna como por vía paterna).
Dieta desequilibrada con escasez de calcio.

Como el origen de la preeclampsia no está claro, no se puede hacer una prevención total de la enfermedad, por lo que los esfuerzos médicos se centran en evitar los factores de riesgo que se han relacionado con esta patología.

Entre los factores de riesgo de la preeclampsia están:
Primer embarazo. La mujer está más predispuesta a sufrir preeclampsia en su primer embarazo, lo que se ha relacionado con los factores inmunológicos que parecen estar detrás de esta alteración.
Embarazos múltiples.
Preeclampsia o eclampsia en anteriores embarazos.
Tener dos embarazos en menos de dos años, o bien que entre las dos gestaciones haya un intervalo muy largo.
Infección recurrente de las vías urinarias o alteraciones renales.
Antecedentes de enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión arterial.
Obesidad (con un Índice de Masa Corporal mayor a 30) o, por el contrario, desnutrición.
Edad de la madre. Quedarse embarazada con más de 35 años eleva también el riesgo de preeclampsia, al igual que hacerlo con menos de 18 años.
Donación de ovocitos. Al ser un proceso que afecta a la placentación, cuando en reproducción asistida se recurre a la donación de ovocitos hay más posibilidades de que la madre sufra preeclampsia.
Síndrome de ovario poliquístico. Según algunos estudios, tener el síndrome de ovario poliquístico aumenta en un 45% las probabilidades de que la embarazada padezca preeclampsia.
Factores emocionales. Se cree que la depresión en el embarazo, un índice elevado de estrés u otros acontecimientos que alteren el estado anímico de la madre pueden aumentar el riesgo de preeclampsia.

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