Melanoma

El melanoma es un tumor cutáneo maligno que se origina en las células responsables de la pigmentación de la piel, los melanocitos (de ahí el nombre melanoma). Los melanocitos se encuentran en la epidermis y producen un pigmento llamado melanina. Las personas de piel clara con dificultad para broncearse tienen un mayor riesgo de padecer este tipo de cáncer de piel. El melanoma aparece principalmente en las áreas cutáneas expuestas al sol: la cara, el cuello y la nuca, los brazos y las pantorrillas. 


Aproximadamente el 60% de los melanomas se desarrollan a partir de un lunar (nevus melanocítico en la jerga especializada) que en muchos casos ha pasado desapercibido durante años. Normalmente el melanoma se asemeja a un lunar de color muy oscuro, a diferencia de otros tumores cutáneos como el basalioma o el espinalioma (carcinoma espinocelular) que suelen adquirir una coloración clara. 

Si se desarrolla un melanoma, las células tumorales se expanden tanto horizontal como verticalmente. El crecimiento horizontal hace que el melanoma aumente de tamaño de manera visible en la piel. En el crecimiento vertical la capa basal (la última capa de la epidermis) representa de manera transitoria una barrera que protege los vasos sanguíneos y linfáticos de la epidermis. Si el melanoma logra atravesarla, las células cancerosas pueden diseminarse por todo el organismo a través del sistema circulatorio y linfático, migrar a otros órganos y propagarse en ellos. En principio estos focos cancerosos (metástasis) pueden afectar a cualquier órgano, si bien lo más frecuente es que comprometan los ganglios linfáticos, los pulmones, el hígado, los huesos y el cerebro. Incluso aquellos tumores cutáneos que en apariencia son muy pequeños pueden diseminarse por el cuerpo.

Causas

Existen diversas causas que pueden provocar la aparición de un melanoma:
Por un lado, un fototipo claro y diferentes factores hereditarios elevan el riesgo de melanoma maligno.
Por otro lado, las influencias externas desempeñan un papel importante en el desarrollo de este tumor, sobre todo la exposición excesiva a la radiación UV.

Al contrario que otros tipos de cáncer de piel, en el melanoma la exposición permanente y duradera a la radiación solar no ejerce una influencia inequívoca sobre la aparición del tumor: el melanoma es de hecho más frecuente entre aquellas personas que pasan mayor tiempo en espacios cerrados y solo se exponen a la luz solar durante las vacaciones o en su tiempo de ocio. Los sujetos con piel muy clara y cabello rubio o pelirrojo muestran una mayor incidencia. El melanoma se desarrolla en dichos casos ante todo en las zonas del cuerpo que solo reciben radiación solar durante las actividades de tiempo libre y que no se hallan protegidas por la pigmentación y el engrosamiento del estrato córneo que tienen lugar tras una exposición continuada a la luz del sol. Las partes del cuerpo que están cubiertas por la ropa de baño no suelen verse afectadas. De todo ello cabe deducir que el mayor riesgo de melanoma no está causado por la radiación continuada y duradera, sino por la radiación intensa y de corta duración que habitualmente se recibe mientras se realizan actividades de ocio y que provoca quemaduras solares severas.

La influencia de los factores hereditarios en la aparición de este tipo de tumor cutáneo queda patente en el llamado melanoma familiar: las personas con antecedentes familiares de melanoma tienen un mayor riesgo de padecerlo. Otros grupos de riesgo están constituidos por los individuos que han sufrido quemaduras solares frecuentes durante la infancia y aquellos que presentan un sistema inmune debilitado a consecuencia de infecciones (por ejemplo, VIH) o medicamentos.

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Migraña

La migraña es una forma concreta de dolor de cabeza. El concepto de migraña procede del término francés la migraine (el dolor de cabeza). Puesto que los dolores aparecen únicamente en un lado de la cabeza, los médicos suelen utilizar también la denominación griega hemicránea (dolor de cabeza en una mitad de la cabeza).
Las migrañas son dolores de cabeza recurrentes y periódicos que se presentan en forma de ataques, y que suelen afectar únicamente a un lado de la cabeza. Al mismo tiempo suelen presentarse también otros síntomas como náuseas y vómitos. Con frecuencia, estos dolores de cabeza también se manifiestan con la llamada aura. Por aura se entienden diferentes alteraciones de la realidad, como vértigos, luces centellantes o puntos ciegos temporales, sensaciones erróneas del gusto y del olfato, síntomas de parálisis (paresia), dificultad del habla (afasia) o percepción de ruidos, sin que exista el correspondiente estímulo externo.

Un ataque de migraña se puede dividir en diferentes fases. No todos los pacientes sienten todas las fases de la migraña. Las cuatro fases de la migraña son las siguientes:
1. Fase previa (fase prodrómica): la fase previa la migraña puede anunciarse a través de síntomas inespecíficos, como un aumento de la sensibilidad, ataques de hambre, hiperactividad e hipersensibilidad a las impresiones sensoriales. Todos estos síntomas son el primer indicio de que se aproxima un ataque de migraña. Frente a estas molestias aparecen también cansancio, decaimiento y estreñimiento. Aproximadamente, la mitad de los pacientes experimenta la llegada de una migraña aguda con esta fase prodrómica.

2. Fase de cefalea: las cefaleas típicas de la migraña (penetrante, punzante, latente, espasmódica o pulsátil) van agravándose lentamente durante horas. El dolor suele presentarse en un solo lado. Sin embargo, el lado puede cambiar durante el ataque agudo de migraña. La fase de cefalea suele ir acompañada de náuseas, vómitos y aversión a luces brillantes y ruidos. En caso de moverse o estresarse, las molestias se acentúan. Debido a estos síntomas acompañantes, los pacientes se sienten mejor en lugares oscuros y tranquilos. La duración de la fase de la cefalea suele ser de entre cuatro y 72 horas, en niños suele ser más breve.

3. Fase postcefalea: los síntomas de migraña van disminuyendo y los pacientes manifiestan cansancio y relajación. Por otro lado, a menudo se presentan síntomas contrarios a la fase prodrómica, como, por ejemplo, la falta de apetito.

4. Fase de recuperación: puede pasar algún tiempo hasta que el paciente se recupera completamente del ataque de migraña.

Entre un 10 y un 15% de los pacientes de migraña experimentan una fase de aura. Los síntomas de esta fase son alteraciones visuales como luces centelleantes o destellos delante de los ojos. También se pueden dar alteraciones del habla y del lenguaje. En casos graves, los pacientes tienen un lado paralizado durante el tiempo que dura la migraña.

Causas

A día de hoy aún no se han aclarado definitivamente las causas exactas de la migraña. Los factores genéticos parecen desempeñar un papel importante puesto que, a menudo, suele haber varios miembros de una misma familia afectados por la enfermedad. Se sospecha que determinadas modificaciones genéticas tienen influencia en la sensibilidad de los nervios. Lo que sí se ha refutado es la teoría de la irrigación insuficiente (isquemia) del cerebro.
Serotonina

El neurotransmisor serotonina tiene un papel clave en la formación de la migraña. Un neurotransmisor es un mensajero químico con el que las células nerviosas emiten señales. Las células nerviosas almacenan el neurotransmisor y lo liberan al activarse. De este modo, el neurotransmisor sale de una célula nerviosa y llega a la siguiente célula nerviosa a través del espacio sináptico, el espacio existente entre las células nerviosas, liberando allí un efecto determinado. Un neurotransmisor puede tanto inhibir como activar, independientemente del tipo de neurotransmisor de que se trate. Este efecto en la célula nerviosa también prosigue en los órganos abastecidos por la respectiva célula nerviosa, por ejemplo, vasos sanguíneos, músculos, corazón o el conducto gastrointestinal.

Como causa clave de la migraña se supone una alteración del equilibrio de la serotonina, es decir, una sensibilidad nerviosa alterada. La migraña, y sobre todo los síntomas de un aura, tiene su causa en que las fibras nerviosas de la corteza cerebral (neuronas corticales) son menos excitables porque se liberan determinados mensajeros químicos en grandes cantidades. El punto de partida aquí es un nervio facial (nervio trigémino). La falta de sensibilidad nerviosa se extiende también a otras áreas de la corteza cerebral (la llamada “spreading depression”, es decir, propagación depresiva). Diferentes desencadenantes, como el estrés o factores hormonales, provocan la descarga de los mensajeros químicos responsables.

La migraña se produce por el efecto de la serotonina en los vasos sanguíneos. La disminución de serotonina hace que los vasos sanguíneos se dilaten (mayor permeabilidad vascular) y se provoca una inflamaciones dolorosa de los vasos sanguíneos.
Puesto que los mensajeros químicos tienen efecto en el conducto gastrointestinal, es probable que también sean los responsables de los síntomas acompañantes, como náuseas o vómitos.


Factores genéticos

Asimismo, se sabe que los factores genéticos son causantes de la migraña, por esta razón se presenta con mayor frecuencia en algunas familias. Este es un indicio de que la migraña se hereda. Hasta ahora se ha podido demostrar la presencia de diferentes modificaciones genéticas en los afectados de familias en las que varias personas sufren de migraña con aura. Se sospecha que, al menos, una de ellas es responsable de la alteración de la sensibilidad nerviosa. Sin embargo, hay otros estudios todavía pendientes de confirmación.

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