Balanitis

La balanitis (inflamación del glande) y la postitis (inflamación del prepucio) son enfermedades frecuentes de la piel del pene: • En la balanitis se inflama el glande del pene, • En la postitis se inflaman el prepucio y la cara interna del prepucio. En la mayoría de los casos se suele dar la inflamación del prepucio a la vez que la inflamación del glande. Esta inflamación de ambos se denomina balanopostitis. Los signos característicos de la balanitis y de la postitis son los siguientes: • Enrojecimiento • Inflamación • Escozor • Picor • Humedad • Secreción acuosa/purulenta Dependiendo de cómo se presenten la balanitis y la postitis y de la edad del paciente se diferencia entre distintas formas de inflamación (aunque a veces no están claramente delimitadas): • Balanitis/postitis en niños prepúberes: en uno de cada 20 niños se da a menudo balanitis/postitis infecciosa, muchas veces junto con fimosis o conglutinación del prepuciocongénitas. • Balanitis/postitis en hombres jóvenes maduros sexualmente: menos frecuentes que en los niños, a menudo causadas por la actividad sexual, ya sean infecciosas o no infecciosas. • Balanitis/postitis en adultos: en raras ocasiones son infecciosas, influyen las condiciones físicas como causas de la inflamación. Es característica la balanitis por exceso de limpieza. • Balanitis/postitis en hombres de edad avanzada (también balanitis de Zoon o de células plasmáticas): frecuente, a menudo ocasionada por el adelgazamiento de la piel y el ablandamiento del tejido que se da con la edad. Sólo se presenta en hombres no circuncidados. • Balanopostitis infecciosa (balanitis candidiásica debido a una infección por el hongo Candida albicans): se da con poca frecuencia, en especial en diabéticos, pero también en hombres jóvenes cuando mantienen relaciones sexuales con mujeres con candiadisis vaginal. • Balanitis crónica: a veces causada como consecuencia de la conocida como balanitis xerótica obliterante, (estadio avanzado del liquien escleroso) en la que el prepucio se vuelve más grueso y se estrecha como si se tratara de cartílago.

Causas

Normalmente, la inflamación del prepucio y del glande del pene se produce a través de bacterias. Además de las bacterias puede producirse por virus, hongos (como Candida) u otros desencadenantes de transmisión sexual (por ejemplo, los parásitos como la Sarcoptes scabiei, responsable de la conocida como sarna). Las principales causas de la inflamación del glande o del prepucio a través de una infección con patógenos son el contacto sexual y la falta de higiene genital. Si existe una falta de higiene el esmegma, la secreción de la glándula del glande y el prepucio, se acumula de forma local y se crea un caldo de cultivo ideal para los patógenos. En pocas ocasiones la postitis o la balanitis aparecen como parte de una enfermedad sistémica (por ejemplo, el síndrome de Reiter o la enfermedad de Behcet). Hay muchos factores que pueden contribuir a la inflamacióndel glande o del prepucio. Entre las posibles causas de riesgo de balanitis o de postitis se encuentran las siguientes: • Condiciones de humedad que llevan a un ablandamiento local del tejido (por ejemplo, alestrechamiento del prepucio). • Causas mecánicas (por ejemplo, la fricción repetida en la actividad sexual frecuente). • Lavarse con frecuencia (varias veces al día) con jabón, lo que elimina la grasa de la piel. • El paso del tiempo, ya que la capa superficial de la piel adelgaza con la edad. • Fuerte aumento de la presencia de agentes patógenos ya existentes o por contagio (por ejemplo, en las relaciones sexuales). También existen causas para la inflamación del prepucio o el glande como en el caso de los jóvenes prepúberes en que se da fimosis o conglutinación del prepucio. Especialmente los niños que en la infancia temprana y la niñez tienen un prepucio muy estrecho tienen un mayor riesgo de postitis y balanitis. Cuando se da un estrechamiento del prepucio existe una desproporción entre el tamaño del glande y la anchura de la apertura de la piel del prepucio, de manera que éste no se retrae sobre el glande. Cuando es así, la orina se acumula debajo del prepucio, lo que contribuye a las infecciones bacterianas. Otras razones para que se dé un mayor riesgo de postitis y de balanitis es la función limitada del sistema inmune y determinadas enfermedades. Por ejemplo, las personas con VIH, otras deficiencias del sistema inmunitario o diabetes mellitus desarrollan rápidamente inflamación del glande o inflamación del prepucio.

Continuar Leyendo

Bartolinitis

La bartolinitis es una inflamación de las glándulas de Bartolino (Glandula vestibularis major) o de sus conductos, que puede estar provocada por diversas bacterias. Es una enfermedad exclusivamente femenina. Las glándulas de Bartolino se encuentran situadas en el tercio inferior de los labios de la vulva y desembocan a ambos lados del vestíbulo vulvar y mantienen lubricada la entrada de la vagina durante la relación sexual. A veces, la bartolinitis puede aparecer asociada a una gonorrea, considerada una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Esta enfermedad es muy dolorosa y se caracteriza por el enrojecimiento y la inflamación de la zona afectada de los labios de la vulva. Se trata con medicamentos. Si derivara en un absceso, podría ser necesario realizar una intervención quirúrgica para abrirlo.

Causas

Las típicas causas que origina una bartolinitis son las infecciones bacterianas en la entrada de la vagina. Las bacterias se introducen en el vestíbulo vulvar pasando a los conductos provocando una inflamación. La infección puede extenderse a lo largo de los conductos hasta alcanzar la glándula en sí. La consecuencia es que la entrada se inflama y pega impidiendo que las glándulas se vacíen. Por lo tanto, la secreción se almacena ahí, con lo que se convierte en caldo de cultivo ideal para los patógenos. El tejido puede supurar y desarrollar un absceso (absceso de Bartolino). Como causa de una bartolinitis, también hay que tener en cuenta el quiste del Bartolino. En este caso suele ser solo una parte la que impide la secreción de la glándula. Como la secreción no puede fluir, se queda taponada y termina formando un quiste (cavidad rellena de líquido). Si además se produce una infección por bacterias, ya tenemos una bartolinitis.

Continuar Leyendo

Borderline (trastorno límite de la personalidad)

El trastorno límite de la personalidad, trastorno borderline o TLP es un trastorno de la personalidad en el que los afectados presentan patrones de conducta continuos y en gran medida permanentes caracterizados por reacciones fijas e inadecuadas en diversos contextos personales y sociales. El diagnóstico de este trastorno resulta problemático ya que no se describen comportamientos aislados como “trastornos”, tal como ocurre en otras enfermedades de la mente (por ejemplo, trastornos del miedo), sino que se valora toda la conducta o el carácter en su conjunto. Asimismo, resulta complicado establecer la línea divisoria entre “defectos” o características destacables de la personalidad y un trastorno psicológico. Por este motivo, sólo debe diagnosticarse TLP en aquellos casos en que las relaciones del afectado se vean tan perjudicadas que su rendimiento laboral o personal esté claramente limitado. En la mayoría de los casos, los pacientes con un trastorno de la personalidad experimentan un sufrimiento considerable. El trastorno límite de la personalidad se caracteriza por un patrón continuo de inestabilidad en las relaciones sociales, la autoimagen y el estado de ánimo. Este término surgió de la presunción de que este trastorno se hallaba en el límite entre la neurosis y la psicosis, ya que los afectados muestran, además de una estructura de la personalidad disfuncional, determinados síntomas psicóticos, como ideas persecutorias. En los últimos tiempos ha aumentado la cobertura de este trastorno en los medios de comunicación, probablemente debido al aumento de la atención mediática a temas de abuso físico y sexual, sobre todo en la edad infantil. Estas experiencias tan traumáticas pueden influir y aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno a nivel psicológico. Incidencia Aproximadamente, el 2% de la población sufre trastorno límite de la personalidad. La inmensa mayoría de los pacientes con TLP en el ámbito clínico son mujeres (hasta el 80% de todos los casos). La franja de edad en la que se registra el mayor número de casos está entre los 15 y los 45 años. Gran parte de los pacientes presentan otros problemas psicológicos como, por ejemplo, depresión o síntomas relacionados con otros trastornos de la personalidad.

Causas

El trastorno límite de la personalidad puede tener como causa la existencia de experiencias traumáticas durante la infancia. Se cree que los factores genéticos también desempeñan un papel en el desarrollo de este trastorno. Lo más probable es que deban darse varios de estos riesgos de forma conjunta para que aparezca el TLP. Según muestran modelos explicativos psicoanalíticos, el TLP es un trastorno de inicio temprano. Esto significa que en los afectados se han mantenido estructuras y pautas de pensamiento características de la infancia temprana. Durante esta etapa los conflictos causados por odio y envidia son frecuentes, y no existe una percepción diferenciada de la propia persona o de los demás, sino una valoración rígida de los individuos como “totalmente buenos” o “totalmente malos”. En los últimos años, se ha estudiado la influencia de los episodios de abuso en el desarrollo del trastorno límite de la personalidad. Así, se ha comprobado que más del 80% de los pacientes han sufrido experiencias traumáticas graves como, por ejemplo, abuso sexual o físico, o violencia doméstica extrema. En muchos casos, el autor de los abusos es una persona de referencia importante, de modo que las víctimas se enfrentan a la contradicción de que la persona amada, que ha de protegerlas, es la misma de la que deben protegerse. Esta discordancia impide a los afectados asumir y expresar su ira y repugnancia hacia la persona de referencia. Es probable que en el caso del trastorno límite de la personalidad estos sentimientos negativos se vuelvan hacia uno mismo, de forma que el abuso se justifique debido a la “maldad” de la víctima. Las experiencias de abusos también pueden marcar de modo decisivo las relaciones posteriores, ya que se viven simultáneamente emociones incompatibles. Por ejemplo, el afecto del autor de los abusos unido al miedo hacia él; el sentimiento de ser el elegido, pero también una vergüenza suma. Esta contradicción extrema de los sentimientos provoca que los pacientes fluctúen entre los polos extremos también en su trato posterior con otros individuos. Los recuerdos se convierten en una carga En la terapia de personas que han sufrido experiencias traumáticas se ha observado que, a medida que se habla repetidamente sobre el suceso traumático, las reacciones emocionales de la mayoría se debilitan. Por el contrario, en los pacientes con trastorno límite de la personalidad el recuerdo reiterado del abuso aumenta los sentimientos opresivos. Parece que estos presentan una mayor susceptibilidad neurobiológica. Además, procesos traumáticos repetidos llevan a estos pacientes a desarrollar una alerta constante ante posibles amenazas. Como consecuencia pueden tener ante estímulos aparentemente inofensivos respuestas extremas, como por ejemplo síntomas disociativos. En estos casos los pacientes pierden toda conexión con la realidad y se sienten a sí mismos como extraños: se altera la percepción de sí mismos de modo que se sienten ajenos a determinados actos o sentimientos propios (despersonalización). Los síntomas disociativos pueden aparecer en las ocasiones en que perciben subjetivamente una amenaza. Es comparable a la catalepsia en los animales: cuando la persona no dispone de recursos de actuación para responder a la amenaza, los síntomas disociativos ayudan a huir de la situación. Sin embargo, de esta forma el paciente con TLP no tiene la oportunidad de aprender cómo superar un peligro percibido actuando por él mismo. Los síntomas disociativos, tales como cambios en la percepción espacial y temporal, la sensación de estar de pie junto a uno mismo o de no poder sentir nada, son vividos como algo extremadamente alarmante por las personas con trastorno límite de la personalidad. Con frecuencia ponen fin a ese estado desagradable por medio de conductas autolesivas, por ejemplo cortándose o clavándose objetos punzantes para volver a sentirse a sí mismos. No obstante, no todos los pacientes que sufren trastorno límite de la personalidad han padecido abusos. Lo que sí parece un factor común a todos los afectados es haber crecido en un entorno en el que las conductas y las personas eran siempre juzgadas como “totalmente buenas” o “totalmente malas”. Por ejemplo, un patrón de conducta típico aprendido podría ser no poder enfadarse nunca siendo un niño “bueno”. Esto deriva en que los afectados no aprenden a gestionar de forma adecuada situaciones difíciles o sentimientos negativos. En el historial de los afectados con TLP también son frecuentes negligencias emocionales extremas o una educación severa en exceso.

Continuar Leyendo

Bronquiectasia

El término bronquiectasias proviene de la palabra griega éxtasis (dilatación) y significa “dilatación bronquial”. Estas dilataciones pueden estar concentradas en una zona o presentes en varias regiones del pulmón (generalizadas) y pueden tener forma cilíndrica o de saco (císticas). Si los bronquios están dilatados, la secreción bronquial no puede fluir con facilidad. Se acumula en las dilataciones y las bacterias pueden colonizarlas y multiplicarse. En estos casos, las vías respiratorias pueden sufrir infecciones. Gracias a las vacunas, los antibióticos y la disminución de enfermedades infecciosas como el sarampión, las paperas o la tuberculosis, las bronquiectasias se han vuelto muy poco frecuentes. Pulmones y vías respiratorias Los pulmones se encargan del intercambio gaseoso en el cuerpo. Las vías respiratorias superiores limpian, calientan y humedecen el aire que se respira, rico en oxígeno. Tras pasar por la tráquea, el aire que se respira a través de la nariz o la boca llega a los bronquios principales, que se encuentran en el interior de los pulmones, uno en el derecho y otro en el izquierdo. Los bronquios principales se ramifican, en el denominado árbol bronquial, en el tejido pulmonar hasta formar unos canales de aire cada vez más pequeños, los bronquiolos, y al final del todo se encuentran los alveolos. En estos últimos tiene lugar el intercambio gaseoso entre el aire inhalado y la sangre. Los vasos sanguíneos más pequeños que rodean los alvéolos absorben el oxígeno en la sangre, donde se acumula para su transporte posterior a los glóbulos rojos (eritrocitos). El oxígeno está disponible para que todas las células del cuerpo lo empleen para producir energía. El producto final de estos procesos de combustión son sustancias como el dióxido de carbono, que es transportado por la sangre de vuelta a los alvéolos y exhalado desde allí. Las vías respiratorias más grandes están cubiertas por células que producen mucosidad y están llenas de cilios. Mediante el movimiento, estos cilios pueden transportar pequeños cuerpos extraños que se hayan inhalado, tales como pequeñas partículas de polvo, hacia los bronquios. En los bronquiolos más pequeños y los alvéolos no hay cilios sino células productoras de secreción que contienen diversas enzimas (proteína). En el caso de unos pulmones sanos, esto permite eliminar los agentes patógenos y de este modo conseguir un entorno estéril en los alvéolos. Si se tienen bronquiectasias, las funciones de los cilios y las células alveolares (el denominado aparato mucociliar) se alteran de forma permanente. Se acumula un exceso de mucosidades en las vías respiratorias y aparece un mayor número de infecciones.

Causas

Las causas más importantes de las bronquiectasias son las infecciones bronquiales repetidas, que se dan sobre todo en la infancia. El sarampión también puede provocar bronquiectasias. Otras infecciones que pueden desencadenar bronquiectasias son, por ejemplo, neumonías, tuberculosis y tos ferina. Otra de las posibles causas de bronquiectasias puede ser una irritación persistente, es decir, una inflamación de las vías respiratorias por un estrechamiento o alargamiento de los bronquios, que puede ser debido a las siguientes causas: • Cuerpos extraños • Tumores bronquiales • Agrandamiento de los ganglios linfáticos debido a enfermedades (por ejemplo, la tuberculosis de los ganglios linfáticos). En el caso de bronquiectasias congénitas, los pulmones no terminaron de desarrollarse. Por lo tanto, se crean grandes cavidades en forma de saco llenas de secreción que no sirven para el intercambio de gases. Existen enfermedades congénitas que pueden ser también la causa de las bronquiectasias: • La fibrosis quística, con una viscosidad anormal de las secreciones bronquiales. • El síndrome de Kartagener, con una disfunción de los cilios y, por lo tanto, del transporte de secreción. • Síndromes de deficiencia de antitripsina (por ejemplo, de alfa-1-antitripsina), con una falta de proteínas protectoras en la secreción de las vías respiratorias. Todos estos cuadros patológicos conducen a una alteración del aparato mucociliar (es decir, de los cilios y las células alveolares). Las secreciones bronquiales no pueden fluir con normalidad y los pulmones se inflaman o se irritan permanentemente. A largo plazo, esto puede derivar en bronquiectasias. Además, hay bronquiectasias que no pueden relacionarse directamente con infecciones u otras causas (las llamadas bronquiectasias idiopáticas). El aparato mucociliar se ve afectado, ya que los cilios no son capaces de eliminar la mucosidad y los cuerpos extraños del sistema bronquial. Las células productoras de proteína no trabajan correctamente. Esto hace que la secreción se acumule en los vasos de aire o en las dilataciones, por lo que las bacterias, los virus y los hongos pueden colonizarlos con facilidad. A partir de estas cavidades infectadas constantemente, pueden aparecer otras infecciones y extenderse por el tejido pulmonar. Así, estas mucosas se consumen, los pulmones cicatrizan y se producen nuevas cavidades. En algunas ocasiones, las úlceras de pus se encapsulan en el proceso de una infección bacteriana (absceso), y si la pared del tejido pulmonar se rompe se llega al colapso pulmonar (neumotórax). Las bacterias pueden “emigrar” de los pulmones y acceder a otros órganos a través de la sangre. Ahí pueden producirse nuevas inflamaciones y abscesos, por ejemplo, en el cerebro.

Continuar Leyendo